martes, 2 de marzo de 2010


La razón de invitarte ese café no fue disculparme de nada, porque yo te traté de la forma más especial que pudieras imaginarte, al menos en mi interior. ¿La razón? Amor. Entre nosotros no hubo una gran despedida ni promesas de vernos. Nunca faltó la ocasión para encontrarnos, pero no todos los encuentros fueron iguales. El último fue totalmente diferente. Tuve que inventar un pretexto para verte, no pude evitarlo. No sé qué sentiste, pero por alguna razón me besaste, y aún te espero. No pasa día sin que me acuerde de ti, te recuerdo y en mi pensamiento estás constantemente. No importa qué haga para distraerme, siempre mi mente encuentra cualquier buen pretexto para traerte de regreso. Si alguna remota posibilidad tengo de llegar a tocar tu corazón por favor házmelo saber, que para nosotros, los soñadores, la esperanza es a veces lo único que tenemos.

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